domingo, 12 de febrero de 2017

El error que conduce al error

El error que conduce al error, por enésima vez reflejado en la cara pesimista del espejo. Sin remanentes de vida conjunta o simple advertencia inválida. Anatomía despellejada por pura lucidez, sin derecho a réplica... como siempre.

Es evidente que no queda nada por averiguar, se han pagado todas indulgencias superfluas para que los demás vean que hicimos las pases de forma civilizada, pero el desgano no  se hace esperar en la alcantarilla de los deseos mutuos. Otro viaje sin retorno y miles de culpas se van pegando a las millas que comienzan a separarnos. Ya ni el ave de mal agüero hace gracia.

Los caminos lejos de la cama parecen más sensatos y aderezar la incomodidad de la esperanza por el apego, con cafés fríos en tardes calurosas. Ese es el bochorno que nos dejó el hábito a nosotros, una sin razón de apego que nunca se ha identificado con el amor. Porque es todo menos eso, ni siquiera los amigos lograron tomar bando. La batalla nunca inició solo un polvorín sin sentido recurrente cada año impar.