domingo, 27 de noviembre de 2016

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La piel de porcelana se enfría durante los largos reposos del invierno.

No hay movimientos adversos y las presas descansan acunando la modorra de sus propios suspiros.

El sexo se cristaliza a la espera del calor de los nómadas que intentan aparcar sus tiendas durante las lunas del nuevo año.

En las sombras las doncellas practican miradas encantadoras en sus propios espejos sin reflejo.

Mutan las esperanzas, se nutren los caminos al corazón, se blanquean las sabanas y la espera no se agota.

Nada muere solo la hora del sueño y el día inicia de nuevo, despejando el pensamiento se vuelve agrio.