martes, 4 de octubre de 2016

Ella

Ella vivía de fantasías y camas conquistadas en una noche de tragos, todo le parecía divertido. Era dura como el acero pero con la voluntad maleable.

Siempre rodeada de un séquito dispuesto a encaramarse en la fiesta, nadie tomaba más que ella. Se llevo a un par de chicas por delante, exponiendo su falta de carisma y la burda imitación. Era la reina del desastre y del vómito después de las 2 am.

La ronda se alarga y la gente desaparece, de nuevo sola consigo mismo, la parte más tenebrosa de su existencia, el espejo no miente: solo una chiquilla huérfana jugando de mujer fatal, las arrugas escalaban los ojos de forma prematura, la piel se asomaba a la textura del pergamino y el corazón cada vez más hueco, lleno de mentiras solidificadas. ¡Todo un encanto!

Las hadas de la noche no se pueden ver de día, sin maquillaje y en plena sobriedad, asustan, poseen la suficiente capacidad de atrofiar cualquier deseo sexual.

Todos los cantineros la reconocen. Tiene su propio palco privado en la barra, donde se lanza a embaucar a inocentes con la finalidad de pagarle la nueva parranda. Se irá con uno o dos... pero nunca cobra.

Una mañana se despertó con la cabeza revuelta, en un lugar desconocido, con un tipo que la miraba con ojos fríos y ausentes, mientras el otro terminaba de suturar sus costados. No sintió el hielo, tampoco la puerta cuando se cerró.