miércoles, 29 de julio de 2015

La iluminada

A simple vista una mujer común habituada a la casa y sus quehaceres, la parte exótica de sus actividades comerciales ha perdido empuje por la generalización de prácticas holisticas para la salud.

Los gurús han poblado los senderos, acercando al público a todas las culturas sin discriminación, se acabaron los secretos hasta los comerciales de la televisión han abusado de las dádivas del oriente. 

Su estudio de yoga ahora venido a menos ha incursionado en la diversidad del mercado surtiendo los bastos principios de paz interior y el camino zen, con chucherías, manualidades, artilugios reciclados que laboriosamente esculpe durante las grandes horas del insomnio. 

El objeto más vendido son los gatos de fieltro con grandes ojos taciturnos, muy similares a la dueña, en extremo huraña y con ojos avispados en busca de presa.

La noche devela la verdadera personalidad, un sortilegio nos recubre en las horas posteriores a la puesta de sol, para sacar las intenciones más humanas, amor, deseo, traición. Todo inicia bajo ese velo, en la mañana se arreglarán los agravios o se pretende ignorar los secretos de las sombras.

Es un doble juego sin ganancia genuina, la paz que predica se le escapa de las manos cada vez que tiene noticias suyas.

Ni siquiera puede definirlo en odio, eso haría las cosas más simples, es el recuerdo quemado en la piel, la mancha en la sombra de las paredes con su silueta de cuervo endulzado a medias.

Amanece, se rehabilita en la postura de la vaca sagrada. Prepara un té y abre la ventana, un nuevo teatro, la mejor versión de sí misma como instructora se pone a prueba. Por unas horas olvidara quien es y qué añora.