miércoles, 24 de diciembre de 2014

Reflexiones

Soñé que estaba en cama, la luz es producto de una perturbación profunda y flagelante. La oscuridad parece menos escandalosa, no puedo evitar tener la sensación de caer o quizá levitar.

Desperté en una camilla, las caras se difuminan en la luz, expresiones sin rostro, se estremecieron mis entrañas, se escapa un fugaz sentimiento de vértigo. De un momento a otro, me dirijo a algún lugar… sí, camino, pero mis piernas no pueden transportarme, alguien me lleva, alguien me empuja, alguien y un carretillo.

El carretillo, posee un sonido peculiar casi me acostumbro a él, es una melodía oxidada sumida en un incesante sonar de clavijas. Mi camilla no es un carretillo.

Mi brazo me quema, es pesado, es solo una extensión de mí ser, no obstante no obedece mis impulsos neuronales, esta frío; descubro una aguja, similar a un cable de alta tensión, soy una máquina.

Duermo…es un día caluroso, rutina de flagelación constante, los cuadros de la perspectiva son grises, hasta el vuelo de una mosca es predecible. Las mismas personas, sin identidad; ya la he olvidado todo responde a una función:

Mamá

Papá

Cajero

Extraña

Barrendero

Dependiente

Enfermera

Puta

Ladrón

Proxeneta

Presidente

No debo escuchar ni leer noticias antes del almuerzo. Ropa, debo vestirme; salir es una expedición sin contratiempos, el tiempo los mide el compás de corcheas sin pentagrama aisladas en el espacio vacío ¡aunque contenga silla!

Algo arriba, algo abajo, las llaves en el tazón.

Bruma caliente, me dirige a la parada de autobuses, gente de traje, escolares, otros sin casilla; no perfilan en ninguna de las ocupaciones permitidas como oficio.

Un minuto para el medio día, llega el autobús.

Un golpe, desaparece el calor, hielo y claridad, no es el autobús, tampoco la casa, de nuevo la melodía de clavijas oxidadas.