miércoles, 10 de diciembre de 2014

Noviembre 11

Justo ahora que me miras, entiendo el universo, el paraíso eterno que nos sobrecoge mientras pienso en el próximo encuentro, porque los minutos mortales se van precipitando al abismo, al agujero negro de mi ruina.

Es indescriptible esa parte tuya, siempre impregnada de sonrisas a medias, porque jamás te he escuchado reír y creo que tampoco pasará en esta época ni bajo este cielo ni en esta piel.

No puedo dejar de pretender amar, la mitad de mi corazón desea hacerlo a costa de la racionalidad y el intenso dolor que me produce saber cual es tu rumbo y reconocer cuán huraños somos en realidad.

Cada encuentro es una historia que agoniza mientras nos sostenemos en toscos abrazos y besos, la cantidad es mesurada para no develar las verdaderas intenciones, la divergencia de siempre; entre las ganas y el arrepentimiento de querer hacer más pero me pellizca el caracol ermitaño de la imaginación, por eso te miro en silencio y con expresión extraña.