domingo, 21 de diciembre de 2014

Vino Tinto Avinagrado

En sus brazos se asienta el Nilo, noble llanura que pobló de sueños y esperanzas mi existencia, encaminó mis pasos al destierro, dulce inspiración del juego mayor de arcanos. Modelando a contraluz cada vestigio de conciencia impulsándome al abismo de sus pasos, la ruta incierta al pasado y los libros deshojados con palabras quebradizas.

En la memoria de los recuerdos, todo florece... más que todo por hacernos el favor antes de afrontar el caño inmundo por el que se ha reptado durante meses, en ese punto cuando somos hipócritas con la única persona que no es posible, cuando miento frente al espejo, esperando creer toda la porquería que es vomitada por las pretensiones del cerebro y vuelvo a maquillarme tapando las ojeras y más labial rojo intenta seducir a cualquiera, solo para probarle a la suerte que nada ha cambiado, que no hay desesperación y las faldas se acortan, mientras las esperanzas se van desvaneciendo conforme pasa la madrugada, ninguno se le parece, no hay un cualquiera aceptable.

Y sola te vas quedando como ese poco de vino tinto avinagrado en el fondo de la alacena, como muchas cosas que se fueron quedando para más tarde, pero nunca alcanzamos esa fracción para decirnos adiós, esa manía tuya de desaparecer como si te tragaran las aguas, luego como un cadáver hinchado de emociones y frases dulces, tocas a mi puerta, como si los años no transcurrieran para mí.