domingo, 14 de diciembre de 2014

En la caja y fuera de la caja.

El tormento del pensamiento se aproxima sigiloso mientras comienza a mordisquear las aptitudes sociales, en una secuencia para la atrofia y la sonrisa perenne, a veces es mejor apagar las luces y dejar que el cuerpo se mezcle entre los idiotas de la manada y perderse en los espacios comunes.

Dejar de acunar sueños, sin posibilidades de trascender, solo enfocada a la realidad calzando la óptica tirana y complaciente...

Nada fuera de la caja.
Nada contra la caja
Nada diferente de la caja.

Podría sucumbir a la homogeneización y vestirme como los demás, para dejar de lado las explicaciones diarias, que deben ser integradas en mi trajín; no he escapado de ninguna institución mental ni tampoco necesito caridad o ayuda.

Solo he naufragado en una ciudad estéril y desnuda, dónde el mayor logro se basa en lapidar la imaginación, no hay escapatoria los parámetros ya fueron establecidos, hombre o mujer, ya conocen sus respectivas tareas enraizadas en la memoria gracias al surco de la educación.

Un día o un mal día para la mayoría, te renueva un deseo de libertad, el regreso al estado de naturaleza, quiero copular con los deseos y las fantasías que la sociedad identifique como inmundos por encontrarse fuera de su patrón, llenar mis manos de creaciones que puedan mutilar la conciencia y los sermones de quienes habitan en el altar mayor.

Ser honestos por una vez y participemos de la orgía del pensamiento sumado a las obras de arte, exijo desnudar a los santos, en un intento de justicia representar al Adán, como un hombre miserable y deprimente, incapaz de criterio propio que solo se arrastra buscando la belleza.

El sistema educativo debe ser humillado en el potro, su pecado consiste en lacerar mi espíritu y llenarlo de prejuicios, lo que escurra de su cuerpo decrépito, ese caldo sucio deberá ahogar a los predicadores de la normalidad, no permitir que sus quejidos hagan eco en las sienes de los demás y dejar sus cadáveres hinchados al sol cuando finalmente exploten en contradicciones y reclamos sordos.