lunes, 24 de noviembre de 2014

Encuentro de Día

El dulce sonido de la flauta dormitaba la tarde, rezando escondida de los ojos del mundo, rogando a dios, que escuchará por única vez mis pensamientos y eternizará el momento.

¡Oh mi dios, oh mi dios, oh mi dios!
Le otorgó a esa persona los ojos más hermosos, son un pozo de luz, me hablan en su lenguaje secreto rodeados por el paraíso. Mis pupilas se impregnaron de su mirada, no veo, sino es a través de sus sentidos. El aroma de su piel es el bálsamo de mis penas, sus manos ahora construyen puentes para deslizarme de una historia a otra.

¡Oh mi dios, oh mi dios, oh mi dios!
Perdona mi vana existencia, concédeme años que pueda canjear por unos minutos bajo sus brazos, el viento no debe colarse por la ventana porque su sombra podría diluirse en el frío, acentúa sus sensaciones para que sienta mi presencia aún cuando estoy lejos.

¡Oh demonio, oh demonio, oh demonio!
Acorta mi vida, saca mis ojos dáselos a los cuervos, despelleja mis pensamientos, sean éstos la carroña de mis horas en vela. Mis manos sean quemadas para que no recuerden el tacto de su piel, mis pies sean arrancados para no seguir sus huellas, envuelvan las sombras del infierno el resto de éste cuerpo, para no ver sus ojos que se colmaron del mundo, pero nunca llegaron a ver mi existencia.