martes, 29 de octubre de 2013

Sin Título

Supe que estaba muerto, cuando comencé a verlo en sueños. Por coincidencia un laúd rasgó una fibra suelta de la memoria, en la distancia un fantasma proyectó la reminiscencia postrera. El inicio de otro viaje, una introspección, un velo que ata los sentidos.


Con la penitencia a flor de piel, veo pasar un día, luego otro, otro, uno más, todos iguales al final del tiempo; así fue como dejé de hablar, ver y de ser. Un día igual a los anteriores, llegue a la conclusión que las imágenes de la mente son preconcebidas, una rareza multifuncional… Todo son  paredes blancas, no se crea nada, salvo la necesidad de vomitar letras.