jueves, 22 de septiembre de 2011

Claro-Oscuro


Mi vida tiene un antes y un después, lo único perfecto, se lo comieron los gusanos, lo pudrió la muerte, la realidad.

Calzada en ceniza y con la mente rapada, mi duelo es insuficiente no apacigua la cólera.

No puedo reinventar mi propio halo, la verdad ha terminado por abofetear lo restante del rostro, de mirada ambigua, atónita, estúpida, sola, canija…

El día de hoy… día de mi muerte, escribo mi epitafio, cuando la sangre aún se agolpa en las sienes.

Recelo de nostalgia, mientras cambio de estación, los lagrimales en sequía destilan destellos de una reencarnación falsa…

Veneno y óxido, nutren el camino por dónde mi féretro se deslizará, nunca superó la costumbre al olvido, mi propia existencia.

El día de hoy… día de mi muerte

Sobre las piedras de una aparición y signos masones, quiero que mi despojo; la poca humanidad; aún vigente, termine de asumir el purgatorio en tu alma.