jueves, 28 de julio de 2011

Lastre

Te deslizas por mi cama, con la misma intensidad de la juventud. Hemos envejecido, el lastre de las sábanas sigue fresco. No tengo noción de las horas, no hace medir el tiempo con números, las caricias, representan el mejor intervalo, de cuando empieza la noche, madrugada o amanecer…

El encanto siempre próximo ahogarse con el humo las luces parpadeantes de los moteles, serán un buen recuerdo cuando apague la última vela de este recorrido. ¿Más sinceros? Nunca.

La realidad es tan falsa, como sus ojos vidriosos en la mañana.