jueves, 14 de octubre de 2010

Cuentos del medio

Un recuerdo con letras asaltó peligrosamente una madrugada, como era de esperar no es un robo planeado, sino solo el capricho de la coincidencia.

Conversamos de vuelos, fantasías y el presente… hemos avanzado por senderos simultáneos pero en universos diferentes, la materialización del recuerdo en carne y hueso, no pasa de espejismo

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Erramos por rutas desoladas, sonreímos ante el brindis de extraños, a la espera asechando lo ajeno. En presencia de su ser, mi alma puede desterrarse de la realidad porque en la cotidianeidad no puedo acariciarte.
Prefiero reinventarme mirando las estrellas falsas del cielorraso.

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La tinta destila la furia del amanecer, despliega un equinoccio de melancolía con el canto del gallo, María Luisa, se ha puesto en pie.

El horizonte parece vacío esta semana, ni las manchas de follaje producen interpretación en la pupila, huele a humedad de lluvia, huele a él.

Su cama no está vacía, para la psique el espacio se encuentra desocupado sin importar el inminente resoplar agitado de un extraño.

Las primeras lluvias alivian su pesar, borran las pisadas marcadas en lodo, así nadie podrá advertir la presencia de un caminante solitario en medio de la noche.

Nadie podrá reprocharle su ausencia antes del alba, la noche es cómplice de quienes aman los desperdicios del corazón.

-María Luisa, ¿estás llorando?
-No, es agua de lluvia.

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Lo peor de la rutina, es imaginarla, con la excusa de una unión eterna. No existe una posición neutral correcta es necesaria la apelación al particular, un vil engaño, sin descartar los miles de incautos que sucumben a ello.

¿No somos acaso participes de una misma condena?

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La música, arrastra un largo y pesado bagaje esotérico con olor etílico, nubarrones de poesía, ante la invocación de Girondo.

Viajes imaginarios a Montevideo, la pobreza de las palabras jamás llegó a la materialidad, pude entender su rostro como una obra de arte, no era esa propiamente su faz siempre sonriente e invariable, sino la armazón de un psicópata.

Escribir sobre la espalda de otro pasó de ser cinismo para escalonar a clasismo profano, entre él y yo.

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Los satélites desgastan mi corona de neceseres.

A la vuelta de la luna, al mirar arriba, mirar abajo, mirar alrededor… la efervescencia de un destino cruzado.

Las facturas de ira se acumulan en Marte, desprovista de paráfrasis estelar, hasta los arcanos han perdido su efectividad, antídoto a la hora de vigilia.

Prefiero surgir y morir, en ausencia de la autoconciencia, la libertad y tiranía del espíritu en un mundo terrena