jueves, 12 de agosto de 2010

Se escribe en pasado aunque la tinta sea del presente... un minuto en la eternidad lo reduce a la nada.
La sombra de su rostro, pesa en el aire, la risa jamás escuchada resuena en la inmensidad de mi memoria, igual que la acustica de un pozo sin fin.
Sin duda la cítara jugará al fracaso, cuando evoque su perfume de papel en las mil y una cartas leídas.