sábado, 28 de agosto de 2010

No siempre limpiaré tu desastre. Me iré un día de éstos, eres mala sangre.

La domadora de mentiras, tiene un plan; empujarlo por la ventana… el descenso resultó más corto de lo esperado, las caléndulas lo recibieron en un hermoso trono.

No quiero flores de muerto, al final de cuentas, no se fue, solo se encuentra en automático. Vivo después de la muerte, sin extrañar la luz superficial que despide el pestañeo de sus ojos.

Las tumbas medio vacías dejan chapotear sueños, en un cielo escarpado por minas temporales de alegría. Usurpo el suspiro de un vivo, canjeable por una aparición en tu espejo cada mañana.

Le robo a ella su alma, la encierro en el reloj de arena para desvanecerla incompletamente hasta la eternidad, me levanto cuando te acuestas.

Mis cenizas, reposan frente al librero apostado frente a la ventana, pero mi corazón está enterrado bajo la cama.